RETIRO DE CUARESMA

Para tener un rato de oración y vivir bien esta Cuaresma hemos preparado unos audios y textos con el retiro de cuaresma.  Consistirá en unos puntos para rezar durante 3 días. 

PUNTOS DÍA 1

 

«¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y me
lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti.
Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo.
Me retenían lejos de Ti todas las cosas, aunque, si no estuviesen
en Ti, nada serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera. Brillaste y
resplandeciste y pusiste en fuga mi ceguera.
Exhalaste tu perfume y respiré y suspiro por Ti.
Gusté de Ti y siento hambre y sed.
Me tocaste y me abraso en tu paz» (SAN AGUSTÍN)

PUNTOS DÍA 2

Evangelio Jn 9, 1-7
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron:
-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»
Jesús contestó:
-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de
Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado;
viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz
del mundo.»
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al
ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista.

 

«Mas al ciego de nacimiento le devolvió la vista no por medio de su palabra,
sino por una obra. No lo hizo en vano ni al acaso, sino para mostrar la mano de
Dios, la misma que al principio creó al hombre. Por eso, cuando los discípulos
le preguntaron por qué motivo el hombre había nacido ciego, si por culpa suya
o de sus padres, respondió: «Este no pecó, ni sus padres; sino para que se
manifieste en él la acción de Dios».
Mas la obra de Dios es la creación del hombre. Y esto lo llevó a cabo como una
operación suya, según dice la Escritura: «Y Dios tomó barro de la tierra, y
plasmó al hombre». Por eso el Señor escupió en tierra, hizo lodo y le untó con
él los ojos, para mostrar cómo había hecho la antigua creación, y para hacer
ver la mano de Dios a quienes puedan entender, por medio de la cual el
hombre fue plasmado de la tierra. Aquello que el Verbo artífice había dejado de
hacer en el vientre, lo completó en público, «para que en él se manifieste la
acción de Dios». No necesitamos ya otra mano fuera de aquella que plasmó al
hombre, ni otro Padre, al saber que la mano de Dios nos plasmó al principio y
nos plasma en el vientre de la madre, ella misma nos buscó en los últimos
días, al mirarnos perdidos, para recobrar su oveja perdida y volverla a cargar
sobre sus hombros, a fin de llevarla, lleno de alegría, de nuevo al rebaño.»

(San Ireneo, Adc. Haer. V)

PUNTOS DÍA 3

Evangelio Jn 11, 17-45

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros»; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le dijo:
-«Tu hermano resucitará.»

Marta respondió:
-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice:
-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó:
-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:
-«El Maestro está ahí y te llama.»

Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.»

Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó:
-«¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le contestaron:
-«Señor, ven a verlo.»
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
-«¡Cómo lo quería!»
Pero algunos dijeron:
-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.
Dice Jesús:
-«Quitad la losa.»
Marta, la hermana del muerto, le dice:
-«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le dice:
-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para haya que crean que tú me has enviado. »
Y dicho esto, gritó con voz potente:
-«Lázaro, ven afuera.»
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo:
-«Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

 

«Quitaron, pues, la piedra. Jesús, por su parte, elevados a lo alto los ojos, dijo: Padre, te doy gracias porque me escuchaste; por mi parte, yo sabía que siempre me escuchas; pero lo dije por el pueblo que está alrededor, para que crean que tú me enviaste. Como hubiese dicho esto, gritó con fuerte voz. Bramó, derramó lágrimas, gritó con fuerte voz. ¡Qué difícilmente se levanta ese a quien aplasta la mole de una costumbre mala! Pero en todo caso se levanta: lo vivifica dentro la oculta gracia; se levanta tras la fuerte
voz. ¿Qué ha sucedido? Gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven afuera! Y el que había muerto se presentó al instante, atado con vendas las manos y los pies, y su faz estaba cercada por un sudario. ¿Te asombras de cómo se presentó atados los pies, y no te asombras de que resucitó cuatriduano? En una y otra cosa estaba la potencia del Señor, no las fuerzas del muerto. Se presentó, y aún está atado; aún envuelto, se presentó empero ya afuera. ¿Qué da a entender? Cuando desprecias, yaces muerto; y, si desprecias  antas
cosas cuantas he dicho, yaces sepultado; cuando confiesas, te presentas. En efecto, ¿qué es presentarse, sino manifestarse cual saliendo de escondites? Pero que confieses, Dios lo hace gritando con fuerte voz, esto es, llamando con gran gracia. Por eso, como el muerto se hubiese presentado aún atado, confeso y reo aún, para que sus pecados fuesen soltados, el Señor dijo esto a los ministros:
Desatadlo y dejadlo irse. ¿Qué significa: Desatadlo y dejadlo irse?
Lo que hayáis desatado en la tierra, quedará desatado también en el cielo.»

(SAN AGUSTÍN)